miércoles, 3 de junio de 2009

1. Una vez comprobada la interesante filosofía científica que puede encerrar el contorno de un huevo de gallina, y siendo posible materializarlo mediante trazados geométricos en un plano, me surge un nuevo reto: cómo, sin abandonar el espacio bidimensional, se puede conseguir un objeto que reproduzca el volumen de un cuerpo tan aparentemente simple y a la vez tan complejo.

2. Creo que la curiosidad es una actitud inherente al proceso creativo. ¿Se puede alguien sustraer a la necesidad de diseccionar aquello de lo quiere conocer hasta sus más íntimos secretos?. El interior de un huevo es bastante elemental: el núcleo central de la yema, y el sólido envolvente de la clara.

3. Pero evidentemente hay huevos y huevos y la disposición de la una en la otra (yema/clara) ofrece infinitas morfologías (confieso que no sé porqué). En esta ocasión he optado por esa imagen subconsciente que tiene una aprendida de niña, bastante regular, por cierto.

4. Bien, ahora hay que saber mirar. ¿Y si aislo la superficie plana que se conforma con el contorno exterior de la yema y la de la clara , y si esta superficie la hago girar alrededor de un eje imaginario vertical? Puede ser que encuentre un camino por donde seguir, puede ser.

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