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miércoles, 3 de junio de 2009


1. Una vez comprobada la interesante filosofía científica que puede encerrar el contorno de un huevo de gallina, y siendo posible materializarlo mediante trazados geométricos en un plano, me surge un nuevo reto: cómo, sin abandonar el espacio bidimensional, se puede conseguir un objeto que reproduzca el volumen de un cuerpo tan aparentemente simple y a la vez tan complejo.

2. Creo que la curiosidad es una actitud inherente al proceso creativo. ¿Se puede alguien sustraer a la necesidad de diseccionar aquello de lo quiere conocer hasta sus más íntimos secretos?. El interior de un huevo es bastante elemental: el núcleo central de la yema, y el sólido envolvente de la clara.

3. Pero evidentemente hay huevos y huevos y la disposición de la una en la otra (yema/clara) ofrece infinitas morfologías (confieso que no sé porqué). En esta ocasión he optado por esa imagen subconsciente que tiene una aprendida de niña, bastante regular, por cierto.

4. Bien, ahora hay que saber mirar. ¿Y si aislo la superficie plana que se conforma con el contorno exterior de la yema y la de la clara , y si esta superficie la hago girar alrededor de un eje imaginario vertical? Puede ser que encuentre un camino por donde seguir, puede ser.





En este punto se me ocurre: dividir por la mitad cada plano de giro de la figura 1 (A) o reposicionar inicialmente la curva de la yema a una longitud mayor del foco de la parábola y llegar al caso anterior (B) o combinar a la inversa la dos mitades resultantes (C). Si vuelvo a girar las opciones B y C, obtengo las figuras 2 y 3 respectivamente. Me decanto por la figura 3, creo que el espacio interior cortado desigualmente por el haz de planos, proporciona una tensión que complementa magníficamente la regularidad tan cerrada del exterior.


En esencia, la escultura que quiero llevar a cabo consiste en la disposición de una serie de planos alrededor de un mismo eje. El mínimo número de planos que necesito para alcanzar el volumen oval resultante es de ocho. En cuanto a las piezas que va recortando el espacio, se reducen a una sola que se dispone alternativamente con su inversa.


Analizando la disposición de las piezas en los esquemas anteriores, y teniendo en cuenta que el trabajo se va a realizar en chapa de acero, se puede conseguir un montaje fácil y con la menor soldadura posible utilizando tan sólo cuatro plantillas de recorte, piezas 1,2,3 y 4 de la figura adjunta (la número cuatro se hace dos veces). En cada una de las plantillas se ha estudiado la disposición de una serie de ranuras que van a permitir el encaje de unas piezas en las otras, como si se tratara de un ensamblaje, tan sólo las piezas con el número 4 tendrán que montarse con ayuda de un elemento auxiliar. De este modo, el uso de la soldadura de unión se puede reducir a los puntos de encuentro superior e inferior de todas las piezas.
Un espesor de chapa de 2 mm permite la suficiente rigidez y estabilidad de la escultura, de manera que la anchura de las ranuras viene en función del espesor de la chapa. El montaje se inicia con las piezas 1 y 2, el espesor de todas sus ranuras es de 2,5 mm para dejar cierta holgura en el encaje, la longitud de las mismas depende de la zona que interseccionan pero, en cualquier caso, un poco mayor de la mitad de la longitud total de encaje.


La pieza número tres presenta una anchura de ranura mayor que las anteriores ya que debe encajar a su vez en aquellas. Para calcular su dimensión hay que medir el diámetro mínimo de la circunferencia que queda inscrita en las piezas, una vez montada (ver figura adjunta, es una vista en planta y desde arriba), en total 4,83 mm. Por el extremo contrario al de la ranura se debe mantener el ancho de ésta, recortando totalmente la pieza y dejando los extremos abiertos para poder realizar en encaje con las piezas 1 y 2. Por último, las piezas marcadas con el número cuatro son independientes y y sus extremos deben recortarse respectivamente según la dimensión del radio de la circunferencia (2,415 mm).



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